Hay jugadores que parecen vivir en el limbo entre lo que son y lo que podrían ser. Rafa Leao lleva años instalado en ese espacio incómodo, y en el Milan ya empiezan a no tener tanta paciencia como antes.
El domingo, en el Olímpico de Roma, ocurrió la escena que resumió todo. El Milan perdía 1-0 ante la Lazio y Allegri decidió cambiarle en el minuto 65. Leao, lejos de ir al banquillo con la cabeza gacha o con urgencia, paseó con una lentitud tan irritante que Maignan tuvo que recorrer 50 metros para apremiarle a salir del campo. El portero francés. En pleno partido. Porque el equipo iba perdiendo. Después, en el banquillo, Leao no le dio la mano a su entrenador. Una escena que voló por las redes en cuestión de minutos y que, curiosamente, se produjo en el mismo escenario donde él y Theo Hernández protagonizaron otro motín exactamente un año atrás.
Según el periodista Pietro Mazzara, especializado en el Milan, «desde hace varias semanas Leao se enfrenta a dificultades debido a una serie de comportamientos, especialmente dentro de las sagradas paredes de Milanello, que no han sido bien recibidos por todos: desde sus compañeros hasta el cuerpo técnico, e incluso la directiva». Eso es mucho frente unido en contra. Y, según el Corriere della Sera, la situación ha llegado al punto de que hubo un choque verbal con Pulisic en el vestuario que tuvo que mediar el propio Allegri.
Una renovación congelada
El fondo de todo esto tiene nombre: renovación congelada. Leao tiene contrato hasta 2028 y cobraba 5,5 millones netos anuales. El Milan quería ampliarle hasta 2030 y subirle el fijo. Él, aparentemente, también quería seguir… pero esperaba mejores condiciones económicas. Y entonces el club mandó un mensaje claro: «La renovación debe ganarse en el campo». Un jarro de agua fría que, al parecer, no ha sentado nada bien al portugués.
El problema es que los números de esta temporada no le ayudan a construir ese argumento. Nueve o diez goles en la Serie A suenan razonables para un extremo, pero Leao cumplirá 27 años en junio y lleva su séptima campaña de rossonero. Ya no es la joven promesa que justifica cualquier irregularidad.
Fabio Capello lo dijo hace meses con una claridad que duele: «Esta es una temporada decisiva para Leao, solo él puede ayudarse a sí mismo». Adrien Rabiot fue igual de directo: «A los 26 años ya no se es joven y no hay tiempo que perder».
Adios a pelear por el Scudetto… ¿y adios a Milán?
Y mientras todo esto ocurre por dentro, el Milan encajó otra derrota que le deja a ocho puntos del Inter con nueve jornadas por disputar. El Scudetto ya es territorio prácticamente vedado. Allegri, con un pragmatismo que dice mucho de cómo está el ambiente, pidió «resetear» los objetivos y reconoció que la prioridad real es amarrar la clasificación para la próxima Champions. Del campeonato, mejor no hablar.
¿Lo siguiente? El Milan, al parecer, estaría abierto a escuchar ofertas en verano. Sería el enésimo capítulo de una historia que lleva demasiados años prometiendo más de lo que entrega. Leao tiene magia, nadie lo discute. Pero la magia sin implicación tiene fecha de caducidad incluso en los clubes más pacientes. Y el Milan, a estas alturas de la película, parece haber llegado a ese límite.


